Muchos pilotos nos hemos visto sorprendidos por fotos, en las que pasaba un Boing 747 a escasos metros de personas que estaban en la playa bañándose en aguas calidas y transparentes. Muchos pensaron que se trataba de un foto montaje y hemos decidido ir a comprobarlo.

El aeropuerto Princesa Juliana en la caribeña isla de San Martín perteneciente a las pequeñas Antillas es de soberanía compartida entre Francia y Holanda. Gracias a que es un trozo de Europa en el Caribe, goza de un nivel de vida alto y es el principal mercado marítimo de las Antillas dedicado al comercio de productos locales y a una cada vez mayor industria turística. Las ciudades principales son Philipsburg y Marigot donde se encuentran gran cantidad de tiendas libres de impuestos.

La pista fue creada con fines militares en 1942, posteriormente se adaptó su uso al transporte de mercancías civiles, el 1964 fue remodelado y se le añadieron terminales nuevas que por último fueron ampliadas y modernizadas en 1985. A pesar de estar en una isla pequeña, es el tercer aeropuerto más grande del Caribe, después del de San Juan de Puerto Rico y Punta Cana en Republica Dominicana. Operan grandes compañías como Air France, American Airline, Continental, Air Berlín y locales como CaribAir, Anguila Air o Air Caribe entre otras.

Lo singular y atractivo de este aeropuerto estriba en que el comienzo de una de sus pista, está casi robado a la playa de “MAHO”. Los aviones entran a escasos 15 mts de altura sobre la orilla de un mar transparente y calido, donde se bañan turistas despistados o se reúnen aficionados y pilotos que desafían el peligro para ver pasar sobre sus cabezas aviones de todos los tamaños y procedencias.

Y el segundo aspecto a resaltar es el despegue desde esa misma pista, en la cual los pilotos la aprovechan en su totalidad para poder salvar las colinas que tienen en su trayectoria de despegue, sobre todo los grandes aviones que han de salir con destino a Europa cargados al máximo de combustible y pasaje. Esta situación la aprovechan los mas atrevidos para dejarse lanzar por el chorro de propulsión varios metros hacia atrás provocándoles cuanto menos contusiones y alguna otras cosas mas. Otros se sujetan en las vallas de protección consiguiendo doblarlas ante la fuerza de los motores.

Toda una experiencia, la cual el Gobierno local advierte claramente con carteles que traducido vienen a decir: “Las ráfagas de los aviones que despegan y aterrizan pueden causar daños físicos severos dando por resultados daños corporales extremos o muerte” pero el personal no hace mucho caso del mismo y persisten en seguir sintiendo la arena proyectada a gran velocidad sobre sus cuerpos y el olor intenso a queroseno quemado mientras ruedan por el suelo.

Es de los pocos aeropuertos del mundo donde se puede vivir estas experiencias. Los más sensatos, admiran este espectáculo desde la terraza de un afamado “Chiringuito de playa” llamado SUNSET, donde a la vez de escuchar música caribeña y tomarse unas cervezas, se oyen las conversaciones entre pilotos y torre de control a través de la megafonía. Y si no tienes bastantes con unas horas disfrutando de este “show” puedes alojarte en los hoteles existentes al otro lado de la pequeña playa que flaquea la cabecera de pista y ver como pasan al mismo nivel de tu dormitorio y a escasos metros los aviones, y ver las caras de pasajeros sorprendidos con semejante espectáculo.

“La imagen vale mas que la palabra”. Os dejo unas capturas que hablan de todo lo que os he contado.